5 razones de por qué los mexicanos amamos la comida italiana

No es casualidad que la cocina italiana sea una de las más queridas en México y que ambas tengan el reconocimiento de la UNESCO como patrimonios intangibles. Más allá de la pizza y la pasta (que ya son parte de nuestro cotidianidad) existe una conexión profunda entre ambas gastronomías que tiene que ver con algo más grande que los ingredientes: la forma de comer, compartir y celebrar alrededor de la mesa. Estas son solo algunas razones de por qué los mexicanos amamos la cocina italiana.

5 razones de por qué los mexicanos amamos la comida italiana

plato de risotto al pomodoro
Italia y México están separados por un océano, pero cuando se sientan a la mesa, hablan un idioma sorprendentemente parecido. / Foto: Shutterstock

La dolce vita, vista desde México, no es una postal romántica. Es una forma de comer con calma, con cariño y con sentido. Y en eso, italianos y mexicanos se parecen más de lo que creen. Estas son algunas de las razones de por qué amamos la cocina italiana.

1. La comida como ritual y acto social

En Italia, como en México, no se come rápido ni solo; se come en familia, se discute, se alarga la sobremesa: la comida es un ritual social. La mesa no es solo un lugar para quitarse el hambre, sino para convivir y honrar recetas heredadas. Esa filosofía explica por qué los mexicanos conectan tan bien con la dolce vita y el dolce far niente italianos: el placer de comer sin prisa, de cocinar para otros y de respetar el origen de cada platillo. Tal vez por eso la cocina italiana se adoptó tan bien: porque no solo entra por la boca, sino por la manera de vivirla.

2. Gastronomía enfocada en el producto

Nuestra conexión con la comida empieza en lo básico: ingredientes sencillos, bien tratados. En Italia, una salsa puede construirse con tomate, aceite de oliva, ajo y sal. En México, bastan jitomate, chile, cebolla y un buen molcajete. En ambos casos, la magia no está en complicar, sino en respetar el producto. La cocina italiana no busca esconder sabores; los subraya. Y eso, para el paladar mexicano, resulta familiar.

El uso del tomate o el maíz como ejes, la importancia de las masas, los guisos que se construyen con paciencia y las recetas familiares que no se miden en gramos, sino “al tanteo”. Ambas cocinas entienden que menos es más, pero que ese “menos” debe ser de buena calidad.

3. Una relación emocional con las masas

Aunque uno piense en maíz (México) y otro en trigo (Italia), ambos países han desarrollado una relación casi emocional con las masas. Tortillas, tamales y tlacoyos dialogan (sin saberlo) con pastas frescas, pizzas y focaccias. Cada una nace de contextos distintos, pero comparten algo esencial: alimentar, reunir, acompañar la vida diaria y son base de múltiples platillos.

4. Comida que reconforta

También está el gusto por los platillos reconfortantes. Un plato de pasta bien hecho cumple la misma función emocional que unos chilaquiles o un caldo caliente: apapacha. No es pretencioso, pero sí profundamente satisfactorio. En tiempos donde la comida se vuelve cada vez más técnica, la cocina italiana y mexicana recuerdan que lo simple también puede ser memorable.

5. La defensa de la tradición

Sin duda, la defensa de la tradición es algo que hermana a ambas cocinas. En Italia, las recetas se respetan, se heredan y se discuten con pasión. En México pasa lo mismo. Cambiar una receta no es pecado, pero hay conciencia de que detrás hay historia, territorio y memoria. Quizá por eso entendemos tan bien a los italianos cuando defienden su carbonara o su ragú: nosotros haríamos lo mismo con un mole o unos tacos al pastor.

En años recientes, chefs italianos radicados en México han sabido leer ese vínculo y adaptarlo sin traicionar la tradición: pastas con ingredientes locales, pizzas con fermentaciones largas y quesos artesanales hechos en el país. El resultado no es fusión forzada, sino un diálogo natural entre dos culturas que creen que comer bien es una forma de vivir mejor.


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