Este es el otro tamal gigante y tradicional de la huasteca potosina, se trata del patlache

Cuando hablamos de tamales gigantes en automático viene a nuestra mente el zacahuil, uno de los platillos típicos de San Luis Potosí, Querétaro, Veracruz e Hidalgo, sin embargo, existe otro más que puede alimentar a decenas de personas y que se acostumbra en festividades y peticiones matrimoniales, así como en la fiesta del Día de Muertos, que en la huasteca se conoce como chantolo o xantolo, se trata del patlache.

Su nombre es derivado del náhuatl patlachtic, significa “largo” o “grande”, descripción perfecta para este tamal que puede llegar a pesar hasta dos kilos. 

Sobre una hoja de aguacate se encuentra un tamal con salsa llamado patlache
Patlache recién salido del horno/ Foto: @ReneeRva (X)

 

En su interior guarda masa de maíz quebrado, mezclada con manteca de cerdo, piezas enteras de pollo, guajolote o cerdo, bañadas en una espesa salsa de chile ancho con especias que se envuelve cuidadosamente en hojas de plátano o papatla y se cuece lentamente a la leña, lo que le da un sabor ahumado y único que evoca la tradición y el calor del hogar.

Tradiciones familiares alrededor del patlache

Durante el Xantolo, las familias lo preparan desde temprano para llevarlo al panteón, donde comparten con sus seres queridos que ya partieron. Es costumbre ofrecerlo a quienes llegan al lugar, acompañado de una taza de café o atole de maíz de teja. 

También conocido como bolín o bolim en comunidades Tenek, y tapatlaxtle en la Huasteca Hidalguense, este tamal de grandes dimensiones, elaborado con masa de maíz quebrado, es una joya culinaria que se cocina con paciencia y devoción, especialmente en municipios como Tampacán y Tamazunchale, donde forma parte esencial de las festividades del Día de Muertos.

Dos imagenes que muestran el tamaño y los ingredientes del tamal patlache.
Apertura del patlache en la huasteca potosina/ Foto: @ignaciosegura_m (izquierda) /@chef_zurita (derecha)

Aunque la receta básica del patlache se mantiene existen variantes regionales que pueden incluir diferentes tipos de carne o ingredientes adicionales como frijoles o hierbas.

Su preparación y consumo están íntimamente relacionados con la cosmovisión de los pueblos indígenas, que consideran al maíz como un alimento sagrado, capaz de conectar el mundo humano con lo divino.