Fue en mayo del 2004 cuando el ahora célebre chef Gordon Ramsay saldría a conducir por primera vez el controversial show, Hell’s Kitchen, un reality que prometía mostrar la “realidad” en las cocinas.
Gritos, humillaciones y presión extrema fueron el sello del programa. Basados en ser un espectáculo de alta intensidad y exigencia, llamaron la atención de millones de personas.
Pero más allá del caos, el programa de Ramsay fue señalado por romantizar la presión extrema y cultura tóxica con la que se vive en muchas cocinas profesionales.
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Hell’s Kitchen: el reality que convirtió el caos en espectáculo
¿Qué es Hell’s Kitchen?

Esta es una serie de televisión, un reality show británico en donde se creaban equipos de chefs que tendrían una dura competencia entre sí por un puesto de jefe de cocina en un restaurante exitoso.
El formato era de eliminación progresiva, es decir que se tenían a 20 concursantes y se eliminarían a 8, para después quedar con un solo ganador.
Se presentaban desafíos y los ganadores tendrían grandes recompensas. Mientras que los perdedores se verían obligados a realizar tareas rutinarias o inclusive a comer cosas “desagradables”.
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El proceso de eliminación sería intenso y solo Ramsay y algunos jueces invitados tomarían la decisión. Sin embargo, a lo largo de estos concursos, muchos participantes sufrirían gritos, humillaciones y agresiones físicas.
Por más de 22 años, Hell’s Kitchen ha demostrado que no importa tu desarrollo a lo largo del programa, siempre estás sujeto a posibles abusos por parte del jefe de cocina.
La normalización del abuso en las cocinas

Cuando se estrenó el programa, la televisión vivía el gran auge de los reality shows de competencia. El programa prometía mostrar la realidad que se vive en muchas cocinas profesionales.
En donde el estrés, la depresión, las adicciones y la “disciplina” militar serían los componentes esenciales. El chef Ramsay se convirtió rápidamente en una estrella internacional gracias a su frases, regaños y explosiones.
Sin duda, la participación del chef fue pilar para tener un programa exitoso. Hell’s Kitchen tomó esa reputación de la cocina exigente para convertirlo en un gran espectáculo.

El programa normalizó:
- Los gritos como método de liderazgo
- La humillación pública como “herramienta” pedagógica
- Romantizar las jornadas extenuantes
- Reforzar el arquetipo del chef iracundo
Para muchas personas, Hell’s Kitchen fue su primer contacto con el mundo real en las cocinas. Una pequeña muestra de lo que se vive detrás de los fogones.
La narrativa fue sencilla: “el abuso es parte del camino al éxito”.
El gran contraste con la nueva conversación gastronómica

A través de estos 22 años, la industria ha cambiado o si bien no lo ha hecho al 100%, está en ese proceso. Hoy podemos ver otras narrativas que buscan una transformación de raíz.
Cocineros, periodistas y personajes del medio han comenzado a hablar de temas como: el burnout, los problemas de salud mental, explotación laboral y la cultura del miedo.
Las cocinas no son las mismas, están en ese proceso de cambio. Aunque muchas aún viven de estas muestras de abuso y son regidas por la cultura tóxica que por tantos años, programas como Hell’s Kitchen implantó.

Hoy, series como The Bear o películas como Hunger o The Menu, hablan sobre esta narrativa romántica del sufrimiento en las cocinas. Ahora sirven de ejemplo para investigaciones profundas que invitan a la reflexión.
Cocinas que buscan un espacio seguro, de aprendizaje, de respeto, de trabajo en equipo, de equilibrio profesional y de inteligencia emocional.
Hell’s Kitchen entonces comienza a sentirse como un vestigio de otra época. Una realidad caricaturizada y exagerada de la realidad. Simplemente, una “sátira” de la realidad.