En el marco del Festival de Michoacán, restaurantes Azul se convierte en el escenario de una joya culinaria casi olvidada: la Bola de Pedernales. Más que un platillo, es un testimonio de identidad y herencia de los antiguos ingenios azucareros de la región de Tacámbaro.
Gracias a la investigación y el rescate de la Chef Alma Cervantes, este manjar tradicional sale de los campos de caña para deleitar a los comensales en la Ciudad de México.
¿Qué es la Bola de Pedernales?
Originaria de Pedernales, Michoacán, esta preparación nació de la necesidad e ingenio de las familias de los cortadores de caña. Es un platillo diseñado para ser transportado y consumido en el campo, manteniendo todo su sabor y valor nutricional en un formato práctico que prescinde de los cubiertos.

La base es una tortilla artesanal de maíz, elaborada a mano, que sirve simultáneamente como recipiente y herramienta. En su interior, alberga una mezcla de:
- Frijoles refritos sazonados con chile guajillo.
- Chorizo o cecina (esta última es la versión estelar del festival).
- La tortilla se moldea en la palma de la mano de forma circular hasta envolver el guisado, creando una “bola” perfecta.
Una historia de amor tejida en servilletas
Lo que hace verdaderamente especial a la Bola de Pedernales es el ritual que la rodea. La Chef Alma Cervantes nos relata una tradición con un profundo significado familiar para la región:
Las mujeres envuelven la bola en servilletas de tela, bordadas o tejidas a mano por ellas mismas.
Al mediodía, un burro recorre el pueblo al grito de “¡Bolas, bolas!”. Las mujeres salen de sus casas para colgar sus creaciones en los picos del aparejo del animal.
Al llegar al cañaveral, el “burro” anuncia la entrega. Entre cientos de opciones, el cortador identifica la labor de su esposa a través del diseño único del bordado.
“Es una historia espectacular de relación familiar y amorosa. El marido identifica el tejido de su mujer; es la pasión que ella le pone a lo que su esposo va a comer”, destaca la Chef Cervantes.

El arte de comer sin cubiertos
La experiencia de degustar este platillo es un ritual de contacto directo con el alimento. Al desatar la servilleta, la tortilla se abre en forma de flor.
Los “pétalos” de la tortilla se utilizan para ir tomando el guiso interior, creando bocados perfectos.
Es una comida completa, nutritiva y diseñada para disfrutarse con las manos, honrando la vida en el campo.
En Restaurantes Azul, respetan la tradición utilizando tortillas de maíz criollo hechas al momento, asegurando que cada bocado transporte al comensal a las tierras michoacanas.