Durante nuestra infancia, era imposible no encontrarse con una de las galletas más representativas de las fiestas decembrinas. Ya sea en las piñatas o en los tradicionales aguinaldos, las galletas de animalitos se han convertido en un elemento indispensable de la cultura popular mexicana.
¿De dónde vienen las famosas galletas de animalitos?
Aunque las sentimos muy nuestras, su origen se remonta a la Inglaterra del siglo XIX. Surgieron como un snack inspirado en los espectáculos de circos y zoológicos que recorrían Europa. Fue hasta finales de ese siglo cuando llegaron a América, ganando una relevancia única en México.
En México, la producción se adaptó para ser una galleta de “corte duro”, lo que la hace más resistente y menos quebradiza. Esto fue clave para que sobrevivieran dentro de las piñatas de barro y los aguinaldos (bolsitas de dulces) sin pulverizarse.
En Europa y EE. UU., los moldes son muy detallados. En México, el proceso de horneado a alta velocidad hace que la masa se infle ligeramente, perdiendo el detalle y creando ese aspecto “misterioso” que tanto nos divierte hoy en día.

El “secreto” de la popularidad de las galletas de animalitos en México:
A diferencia de las versiones internacionales, la receta mexicana destaca por su ligero toque de mantequilla, vainilla e incluso algunas tienen ese toque doradito. Sin embargo, su éxito masivo se debe a tres factores clave:
- Accesibilidad económica siendo uno de los productos de repostería más asequibles del mercado.
- Versatilidad ya que son ideales para acompañar café, leche o incluso para base de postres como la carlota de limón.
- El misterio de sus figuras se ha vuelto un tema de conversación divertido debido a que, irónicamente, su diseño suele ser tan abstracto que rara vez se distingue con claridad qué animal representan.