De dónde viene el chicle. Conoce el árbol mexicano que cambió al mundo

El chicle, ese pequeño aliado para después de comer, para calmar la ansiedad o para matar el antojo dulce, tiene raíces antiguas y muy profundas. Antes de que supiera a menta explosiva o sandía artificial, tenía sabor a selva mexicana. Lo que hoy es un producto industrial con sabores artificiales, en sus orígenes fue un regalo de la naturaleza, en particular del chicozapote, un árbol nativo de Mesoamérica que marcó la historia gastronómica, cultural y económica de México. Esta es la historia de dónde viene el chicle.

¿De dónde viene el chicle?

árbol de chicozapote y fruto cortado
El chicle natural tiene un sabor más sutil, una textura distinta y una historia que pesa más que cualquier sabor artificial. Masticarlo es, en cierto modo, probar un pedazo de selva. / Foto: Shutterstock

Hablar del chicle es hablar del chicozapote (Manilkara zapota), un árbol imponente que puede vivir más de 100 años y alcanzar hasta 40 metros de altura, y que crece principalmente en la Península de Yucatán, el sureste mexicano y parte de Centroamérica. Además de ser la fuente del látex para el chicle, produce un fruto dulce y carnoso muy apreciado en la cocina tradicional mexicana.

Mucho antes de que existieran las marcas comerciales, los pueblos mayas ya masticaban una resina blanca y elástica para refrescar el aliento, calmar la sed e, incluso, como una práctica social que marcaba el estatus de una persona. No era un hábito banal, sino parte de la vida cotidiana y simbólica de la región.

La extracción del látex es conocida como chiclería e implica un proceso artesanal que requiere experiencia y respeto por el árbol. Los chicleros realizan cortes en zigzag sobre el tronco para que la savia escurra lentamente. Este método, bien hecho, no mata al árbol, lo que convierte al chicozapote en un ejemplo temprano de aprovechamiento sostenible de la selva.

Durante décadas, la chiclería fue una actividad económica clave en estados como Campeche, Quintana Roo y Yucatán, dando trabajo a comunidades enteras que se internaban en la selva durante meses. Pero esto cambió cuando un extranjero se dio cuenta de su potencial.

Cómo llegó el chicle al mundo

máquina de chicles de colores
En los últimos años, el chicle de chicozapote ha vivido un resurgimiento, impulsado por marcas artesanales y consumidores interesados en productos naturales y sostenibles. Este regreso no solo pone en valor un ingrediente mexicano, sino también el conocimiento ancestral de las comunidades chicleras. / Foto: Shutterstock

El gran giro en la historia del chicle llegó a finales del siglo XIX, cuando el látex de chicozapote llamó la atención fuera de México. Inicialmente se pensó como sustituto del caucho, pero el experimento no prosperó… hasta que alguien decidió masticarlo. Aquí te contamos qué tiene que ver el expresidente de México Antonio López de Santa Anna con el chicle.

A partir de ahí, el chicle mexicano cruzó la frontera y se transformó en un producto industrial. Empresas estadounidenses comenzaron a importar grandes cantidades de látex natural desde el sureste mexicano, dando origen a la industria del chewing gum tal como la conocemos.

Irónicamente, con el tiempo, el chicle natural fue desplazado por bases sintéticas derivadas del petróleo, más baratas y fáciles de producir. El resultado: el chicle moderno perdió su vínculo directo con el árbol que lo vio nacer. Aunque hoy hay una revitalización del chicle de chicozapote, aún hay un largo camino por recorrer.

La próxima vez que mastiques un chicle pregúntate de dónde viene, porque detrás de ese gesto automático hay siglos de historia mexicana, un árbol noble y una tradición que merece seguir siendo contada.


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