Ahora que todo el mundo habla del champandongo por Como agua para chocolate, vale la pena conocer el origen de este platillo tradicional mexicano que combina sabores, texturas y tradición. Como muchos de los platillos de nuestra gastronomía, el champandongo surgió como una forma ingeniosa y deliciosa de aprovechar los alimentos sobrantes y evitar el desperdicio, en especial tortillas, salsas, quesos, crema y proteína posterior a una fiesta grande. Sigue leyendo para conocer la historia de este guiso.
¿Qué es el champandongo y de dónde es?

El champandongo nació en Chihuahua, donde solía prepararse después de fiestas o celebraciones importantes (bodas, bautizos, etc.) para aprovechar los sobrantes del mole, adobo o chile colorado con tortilla y otros ingredientes. Digamos que es un recalentado tradicional que, con mucha creatividad y sazón, se volvió un platillo querido no solo en el norte del país, sino en otras regiones como Puebla y Ciudad de México (esto gracias a la migración resultante de la Revolución Mexicana).
El champandongo se hace como si fuera una lasaña, es decir, con capas; solo que a diferencia del plato italiano, en lugar de pasta, lo que se intercala son tortillas de maíz, a las que se le agrega salsa o mole, queso, crema y alguna proteína o verduras. Este embajador de la cocina de aprovechamiento se hizo un lugar en nuestra gastronomía gracias a todo lo que rodea la cultura del recalentado: ese momento del día siguiente en que se reúnen las sobras de guisados, mole o adobos para transformarse en un nuevo plato, lleno de historia familiar y sabor auténtico.
Aunque la base tradicional es con mole, existen distintas interpretaciones del champandongo con diferentes proteínas (res, cochinita pibil, pollo), vegetales o salsas y adobos.
El champandongo es entrañable no solo por ser un plato rico y abundante; también por ser un símbolo de aprovechamiento y comunidad en la cocina mexicana. Su forma de preparación, generosa y compartida en familia, refleja cómo las tradiciones culinarias transforman ingredientes cotidianos en recuerdos imborrables alrededor de la mesa. ¿Lo has probado?
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