El secreto para conseguir unas papas a la francesa crujientes está en un proceso que la mayoría ignora: el control del almidón y la temperatura. No se trata solo de arrojar papas al aceite caliente; se trata de ciencia culinaria aplicada.
1. Elige la variedad de papa correcta
No todas las papas son iguales. Para freír, lo ideal es buscar variedades con alto contenido de almidón (como la papa Russet o la papa blanca). Estas mantienen mejor su forma y logran una costra más firme.
2. El corte debe ser uniforme
La consistencia es clave. Si cortas unas papas muy delgadas y otras muy gruesas, las primeras se quemarán antes de que las segundas estén listas. Intenta que todas tengan un grosor de aproximadamente 1 cm.

3. El secreto del remojo
Una vez cortadas, sumerge las papas en agua fría durante al menos 30 minutos. Esto ayuda a eliminar el exceso de almidón superficial, evitando que se peguen entre sí y permitiendo que queden más crocantes.
4. Secado absoluto
Este paso es vital para la seguridad y la textura. Seca las papas minuciosamente con un paño de cocina o papel absorbente. Si entran húmedas al aceite, este salpicará y las papas se cocinan al vapor en lugar de freírse.

5. La técnica de la doble fritura
Para una calidad profesional, fríe en dos tiempos:
- Primera etapa: Cocina a fuego medio por unos 5 minutos hasta que estén tiernas pero no doradas. Retira y deja enfriar.
- Segunda etapa: Justo antes de servir, fríe a fuego alto durante 2 o 3 minutos hasta que alcancen ese color dorado y textura crujiente.
6. No satures el recipiente
Fríe siempre por tandas. Si agregas demasiadas papas al mismo tiempo, la temperatura del aceite bajará drásticamente y las papas absorberán demasiada grasa, quedando blandas y aceitosas.
7. Sal al instante
La sal debe añadirse inmediatamente después de sacar las papas del aceite. El calor residual y la mínima capa de aceite ayudarán a que los cristales de sal se adhieran perfectamente.